2 Corintios 8; La meta de la generosidad
En este mensaje basado en 2 Corintios 8 y 9, el Pastor José Alonso nos lleva a entender una verdad transformadora: La generosidad es el eco de la gracia de Dios. El apóstol Pablo nos muestra que las iglesias de Macedonia, en medio de pobreza y aflicción, sobreabundaron en generosidad. No porque les sobrara, sino porque habían entendido la gracia. Si la gracia de Dios ha tocado tu vida, tu generosidad es la prueba acústica de que ese impacto fue real. 👉 No olvides suscribirte y activar la campanita para más mensajes que edifiquen tu vida.
Puntos Principales
- 1La generosidad debe ________ de la gracia.
- 2No puedo ________ de gracia sin haber ________ la gracia de Dios.
- 3La generosidad es una ________ de amor.
- 4El fruto de la generosidad es ________ al mundo hacia Dios.
Versículos
Ahora, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia. ² Pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. ³ Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, ⁴ suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos. ⁵ Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios. ⁶ En consecuencia, rogamos a Tito que como él ya había comenzado antes, así también llevara a cabo en ustedes esta obra de gracia. ⁷ Pero así como ustedes abundan en todo: en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud, y en el amor que hemos inspirado en ustedes, vean que también abunden en esta obra de gracia. ⁸ No digo esto como un mandamiento, sino para probar, por la solicitud de otros, también la sinceridad del amor de ustedes. ⁹ Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos. ¹⁰ Doy mi opinión en este asunto, porque esto les conviene a ustedes, que fueron los primeros en comenzar hace un año no solo a hacer esto, sino también a desear hacerlo. ¹¹ Ahora pues, acaben también de hacerlo; para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo según lo que tengan. ¹² Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene. ¹³ Esto no es para holgura de otros y para aflicción de ustedes, sino para que haya igualdad. ¹⁴ En el momento actual la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes, de modo que haya igualdad. ¹⁵ Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo demasiado; y el que recogió poco, no tuvo escasez. ¹⁶ Pero gracias a Dios que pone la misma solicitud por ustedes en el corazón de Tito. ¹⁷ Pues él no solo aceptó nuestro ruego, sino que, siendo de por sí muy diligente, ha ido a ustedes por su propia voluntad. ¹⁸ Junto con él hemos enviado al hermano cuya fama en las cosas del evangelio se ha divulgado por todas las iglesias. ¹⁹ Y no solo esto, sino que también ha sido designado por las iglesias como nuestro compañero de viaje en esta obra de gracia, la cual es administrada por nosotros para la gloria del Señor mismo, y para manifestar nuestra buena voluntad; ²⁰ teniendo cuidado de que nadie nos desacredite en esta generosa ofrenda administrada por nosotros. ²¹ Pues nos preocupamos por lo que es honrado, no solo ante los ojos del Señor, sino también ante los ojos de los hombres. ²² Con ellos hemos enviado a nuestro hermano, de quien hemos comprobado con frecuencia que fue diligente en muchas cosas, pero que ahora es mucho más diligente debido a la gran confianza que tiene en ustedes. ²³ En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador entre ustedes; en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias y gloria de Cristo. ²⁴ Por tanto, muéstrenles abiertamente ante las iglesias la prueba de su amor, y de nuestra razón para jactarnos respecto a ustedes.
En una fría noche y lluviosa dentro de una farmacia se encontraba Marcos, un hombre joven con la ropa desgastada por el trabajo duro y los ojos rojos por el llanto contenido.
El aire olía a antiséptico y en su mano apretada sostenía una receta médica. Su hija pequeña, Lucía, acababa de ser diagnosticada con una infección severa. La medicina era vital, pero costosa. Marcos había revisado su cuenta bancaria tres veces antes de entrar; sabía que le faltaban casi 40 dólares. Su plan era suplicarle al farmacéutico que le dejara llevar la medicina y pagar el resto la próxima semana, aunque sabía que las reglas eran estrictas.
Cuando llegó su turno, entregó el papel con manos temblorosas. El farmacéutico escaneó el código y dijo el precio. Marcos tragó saliva.
—Señor... solo tengo una parte ahora. Mi hija está ingresada arriba. Recibo mi pago el viernes. Por favor, ¿puedo traerle el resto después?
El farmacéutico dijo:
—Lo siento mucho, El sistema no me permite fiar medicamentos. Tienes que pagarlo completo.
El mundo de Marcos se detuvo tratando de pensar a quién llamar, qué vender, qué hacer. La desesperación tiene un peso físico, y en ese momento, estaba aplastando a Marcos.
De repente, un hombre de cabello canoso se paró a su lado. El hombre no dijo nada al principio; simplemente se acercó al mostrador, sacó su tarjeta y le dijo al farmacéutico:
—Cobre la medicina del joven, y también agregue unos chocolates para la niña. A los niños no les gusta el sabor de los antibióticos.
El farmacéutico procesó el pago. Marcos estaba atónito. Cuando le entregaron la bolsa con la medicina, se volvió hacia el anciano con lágrimas corriendo libremente por su cara.
—Señor, no sé quién es usted, pero le prometo que le pagaré. Deme su número, su dirección. Trabajaré doble turno. ¡Usted me ha salvado!
El anciano sonrió suavemente y negó con la cabeza. No me vas a devolver ni un centavo, Marcos.
—Pero tengo que hacerlo —insistió el joven—, es demasiado dinero.
El anciano suspiró y sus ojos brillaron, no con orgullo, sino con memoria.
Hace treinta años —comenzó el anciano—, yo estaba en un hospital muy parecido a este. Mi esposa necesitaba una operación urgente y yo estaba en la quiebra total. Estaba sentado en la sala de espera orando a Dios porque no veía salida. Un médico, al que nunca había visto antes, pasó, vio mi angustia y, sin que yo se lo pidiera, cubrió los gastos de sus propios honorarios. Cuando intenté agradecerle, él me dijo algo que nunca olvidé.
El anciano puso su mano sobre el hombro de Marcos nuevamente y lo miró a los ojos:
—Me dijo: "La gracia no es un préstamo que se devuelve al prestamista; es un regalo que se pasa al siguiente necesitado".
El anciano apretó el hombro de Marcos con cariño.
—Hijo, yo no te estoy dando mi dinero. Hoy, simplemente estoy dejando que el eco de lo que Dios hizo por mí hace treinta años llegue hasta ti. No rompas la cadena. Cuando puedas, sé tú el eco para alguien más.
El anciano se dio media vuelta y salió a la lluvia, dejando a Marcos no solo con la medicina para su hija, sino con una lección grabada en el alma: su deuda no era con el anciano, sino con la gracia que lo había alcanzado.
Iglesia, al igual que Marcos, todos nosotros estábamos en una situación de bancarrota espiritual. No teníamos con qué pagar la deuda de nuestros pecados. Pero Jesús pagó la cuenta completa en la cruz.
Cuando somos generosos con los demás, cuando damos nuestro tiempo, nuestro dinero o nuestro perdón, no lo hacemos porque somos 'buenas personas' o para que Dios nos ame más. Lo hacemos porque no podemos contener lo que hemos recibido.
Nuestra generosidad no es el origen del amor; es el eco. Es el sonido de la gracia de Dios rebotando en nuestros corazones y saliendo hacia los demás. Si la gracia de Dios ha tocado tu vida, tu generosidad es la prueba acústica de que ese impacto fue real.
LA META DE LA GENEROSIDAD
Idea principal: La generosidad es el eco de la gracia de Dios.
Hoy vamos a ver 4 verdades respecto a la generosidad que encontramos en 2 de Corintios 8 y 9
1. La generosidad debe fluir de la gracia.
Ahora, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia.
2 Corintios 8:1
En estos dos capítulos 8 y 9 de 2 Corintios la palabra gracia se menciona 10 veces. Es el tema principal. Aquí el contexto es la ofrenda que Pablo estaba recogiendo en las iglesias para ayudar a los cristianos en necesidad en Jerusalén. El Apostol le estaba dando a conocer esa gracia que se había manifestado a las iglesias de Macedonia.
- Las circunstancias no definen la generosidad.
A veces pensamos que para ser generosos toca tener las circunstancias ideales. Sin embargo, esta no era la situación de las iglesias en Macedonia.
Pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad.
2 Corintios 8:2
A pesar de su escases, pobreza y aflicción abundaron en generosidad. Esta fue la manifestación de la gracia de Dios en ellos. Que estaban dando sin esperar nada a cambio. Entender la gracia de Dios en sus vidas fue suficiente para ellos manifestar la misma gracia por medio de la generosidad.
- El sacrificio define la generosidad.
Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad,
2 Corintios 8:3
Muchas veces pensamos que lo importante a la hora de dar es la cantidad, pero en realidad es el sacrificio con el que das. Algunos dan de lo que les sobra, y otros dan sacrificialmente poniendo la obra de Dios en un lugar muy importante en sus vidas.
c. La generosidad de gracia debe ser voluntaria.
suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos.
2 Corintios 8:4
Ahora pues, acaben también de hacerlo; para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo según lo que tengan.
2 Corintios 8:11
Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene.
2 Corintios 8:12
Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.
2 Corintios 9:7
La generosidad es el eco de la gracia de Dios.
2. No puedo dar de gracia sin haber experimentado la gracia de Dios.
Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios.
2 Corintios 8:5
Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos.
2 Corintios 8:9
3. La generosidad es una manifestación de amor.
No digo esto como un mandamiento, sino para probar, por la solicitud de otros, también la sinceridad del amor de ustedes.
2 Corintios 8:8
Por tanto, muéstrenles abiertamente ante las iglesias la prueba de su amor, y de nuestra razón para jactarnos respecto a ustedes.
2 Corintios 8:24
La generosidad es el eco de la gracia de Dios.
4. El fruto de la generosidad es guiar al mundo hacia Dios.
Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra.
2 Corintios 9:8
Ustedes serán enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual por medio de nosotros produce acción de gracias a Dios.
2 Corintios 9:11
Nuestra generosidad va a producir que la gente de gracias a Dios.
No es por obligación.
El diezmo bajo la ley era en realidad 23.33 %
A. El Diezmo para sostener a los líderes espirituales (Núm. 18:21-24) 10% anual
B. El Diezmo para celebrar las maravillas de Dios (Deut. 14:22-27) 10% anual
C. El Diezmo para la ayuda social (Deut. 14:28-29) 3.33% anual
Este era el sistema tributario o de impuestos en Israel.
Nosotros NO somos Israel.
Y no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.
Todos los pasajes como Malaquias 3 le aplican a Israel no a la iglesia.
No des por miedo a que Dios te maldiga.
No des por esperanza que Dios te de algo.
Da porque entiendes el privilegio de participar
Da como una respuesta de gracia al entender que haz recibido todo lo que tienes por la gracia de Dios.
La generosidad es el eco de la gracia de Dios.


