Romanos 15:20–29; El propósito de Dios sigue en pie, aunque no lo entiendas hoy
En este mensaje, el Predicador Nahúm Sosa nos guía a través de Romanos 15:20–29 para recordarnos que, aunque muchas veces nuestros planes cambian, las puertas se cierran o el camino parece incierto, Dios nunca pierde el control. La vida del apóstol Pablo nos enseña que los retrasos, las esperas y los cambios de dirección no significan que el Señor haya abandonado Su propósito. Al contrario, Él sigue obrando con perfecta sabiduría y fidelidad, aun cuando no podemos comprender lo que está haciendo.Si hoy estás atravesando una temporada de incertidumbre, este mensaje fortalecerá tu fe y te animará a descansar en la soberanía de Dios. Aunque no entiendas el camino hoy, puedes confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
Puntos Principales
- 1Mis ______________ deben estar ______________ por el evangelio.
- 2El ______________ en mis planes no significa que Dios perdió el ______________.
- 3Mi ______________ de hoy no debe ser sacrificada por el ______________ de mañana.
Adoniram Judson fue uno de los primeros misioneros extranjeros enviados desde Estados Unidos. Dios usó su vida de una manera profunda para la obra misionera, especialmente en la historia bautista.
Pero cuando uno mira su historia de cerca, se da cuenta de que el camino no fue como él seguramente lo había imaginado.
Judson no salió al campo misionero de manera improvisada. Desde joven, Dios fue tratando con su vida. Después de un tiempo de incredulidad, el Señor lo trajo a la fe en Cristo. Luego estudió, se preparó, oró, y junto con otros jóvenes comenzó a sentir el peso de llevar el evangelio a pueblos que no conocían a Cristo.
En febrero de 1812, en solo dos semanas, ocurrieron acontecimientos enormes en su vida: se casó con Ann Hasseltine, fue ordenado al ministerio, fue comisionado como misionero y salió en barco rumbo a Calcuta, India.
Piense en eso por un momento. Recién casados. Jóvenes. Dejando familia, país, comodidad, planes personales y futuro conocido. No iban de vacaciones. No iban a probar por unos meses. En aquel tiempo, salir como misionero era despedirse de todo y poner la vida completa en las manos del Señor.
Los aviones no existían para esa época, así que no iban a tomar un vuelo de unas horas hacia la India. Tenían que cruzar el océano completo en una embarcación para poder llegar a su destino.
Ellos tenían un plan: servir a Cristo en la India.
Y no era un plan malo. Era un plan noble, espiritual, y parecía honrar al Señor.
Pero la puerta de la India no se abrió como ellos esperaban. Por diferentes circunstancias, no les permitieron quedarse en el país. La ruta que habían planeado cambió. El lugar al que pensaban llegar no fue el lugar donde Dios los iba a dejar.
Fueron obligados a salir de la India, y terminaron llegando a Birmania, lo que hoy conocemos como Myanmar.
Y eso no era simplemente cambiar una dirección en el mapa. Era comenzar de nuevo.
Ahora estaban en un lugar que no habían planeado, con una cultura nueva, un idioma desconocido, costumbres diferentes y un futuro mucho más incierto de lo que habían imaginado.
Pero Dios no había cancelado Su propósito. Dios estaba cambiando la ruta.
Y en Birmania tampoco fue fácil. Los Judson tuvieron que aprender el idioma, entender la cultura, comenzar desde cero, predicar con paciencia y sembrar sin ver fruto inmediato. Hubo enfermedad, oposición, pérdidas y sufrimiento. Más adelante, Adoniram incluso sería encarcelado durante la guerra entre Birmania e Inglaterra.
No fue una historia de éxito rápido. No fue llegar, predicar y ver multitudes convertidas. Fue una historia de obediencia lenta, de lágrimas, de espera y de confianza.
Durante seis años predicaron, aprendieron, sirvieron, sembraron y esperaron.
Uno puede imaginar las preguntas en el corazón de esta pareja de misioneros jóvenes:
“Señor, ¿no fue por esto que salimos?”
“¿No era este un plan bueno?”
“¿No queríamos servirte?”
“¿Por qué ahora se cierra esta puerta?”
“¿Por qué después de tanto sacrificio el camino cambia?”
Pero después de seis años, Dios permitió que sucediera algo.
Dejemos la historia de Judson ahí por un momento. Más adelante vamos a volver a ella.
Porque esa pregunta que seguramente ellos enfrentaron también es una pregunta que nosotros conocemos muy bien:
¿Qué hago cuando hice planes buenos, pero Dios cambia el camino?
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Y hermanos, todos sabemos lo que es hacer planes. Hacemos planes para la familia, el trabajo, los hijos, la casa y el futuro. Algunos los escribimos con detalle; otros quizá solo los llevamos en la mente y en el corazón.
Y a veces esos planes son buenos. No estamos hablando necesariamente de planes malos o pecaminosos. Son planes legítimos, necesarios, planes que sinceramente creemos que honran al Señor. Pero llega un momento en que el camino no se abre. La respuesta no llega. La puerta se cierra. La ruta cambia.
Y cuando eso pasa, el corazón empieza a preguntar:
“Señor, ¿qué estás haciendo?”
“¿Por qué no sucedió?”
“¿Por qué se atrasó?”
“¿Por qué esta puerta se cerró si parecía tan buena?”
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El domingo pasado, en el Salmo 33, vimos que la verdadera seguridad del pueblo de Dios no está en la fuerza humana, ni en el rey, ni en el ejército, ni en el caballo, sino en el Señor.
Hoy Romanos 15 nos lleva en esa misma dirección, pero desde otra perspectiva: si mi seguridad está en Dios, entonces también mis planes, mis esperas y mi futuro deben descansar en Él.
Pablo abre su corazón en este pasaje. Él tiene planes. Quiere ir a Roma. Quiere seguir hacia España. Quiere anunciar a Cristo donde Cristo no ha sido anunciado. Pero también reconoce algo muy humano: muchas veces fue impedido. Pablo sabe lo que es querer avanzar y no poder hacerlo cuando él quería.
Pablo tenía una ruta en mente: Jerusalén, Roma y España. Pero Dios tenía un camino que Pablo no entendía completamente. Y aun así, el propósito de Dios seguía en pie.
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Por eso el día de hoy me gustaría que reflexionemos bajo el título:
“El propósito de Dios sigue en pie, Aunque no lo entiendas hoy”
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Me gustaría compartirle la idea principal del mensaje:
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Idea principal
Aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
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Contexto:
El pasaje que vamos a estudiar hoy está casi al final de la carta a los Romanos.
Pablo le escribe a una iglesia que él todavía no había visitado personalmente. Él tenía un gran deseo de ver a los creyentes en Roma, pero hasta ese momento no había podido llegar.
Antes de llegar a estos versículos, Pablo ya ha explicado con profundidad el evangelio: el pecado del hombre, la justificación por la fe, la gracia de Dios, la obra de Cristo y la manera en que la iglesia debe vivir delante del Señor.
Y después de explicar todo eso, Pablo abre su corazón y habla de sus planes.
Él quiere ir a Roma, pero Roma no es su destino final. Pablo quiere pasar por Roma para ser animado por los hermanos y luego seguir hacia España, donde desea anunciar a Cristo.
Pero antes de ir a Roma y a España, Pablo dice que debe ir primero a Jerusalén para servir a los creyentes necesitados.
Así que en este pasaje vemos a Pablo con planes, con deseos, con visión y con responsabilidades. Pero también lo vemos reconociendo que muchas veces fue impedido de hacer lo que quería hacer.
Y eso nos lleva directamente al primer punto de este mensaje:
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I. Mis (planes) deben estar (gobernados) por el evangelio
Pablo dice en los versículos 20 y 21:
Romanos 15:20–21 NBLA
“De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro; sino como está escrito: ‘Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán, y los que no han oído, entenderán’.”
Lo primero que vemos en Pablo es que él no está viviendo sin dirección. Pablo tiene un propósito claro. Él dice: “me esforcé en anunciar el evangelio”.
Esa frase nos muestra qué era lo que movía su vida. Pablo no estaba haciendo planes solamente pensando en su comodidad, en su seguridad, en su beneficio personal o en lo que le convenía humanamente. Sus planes estaban gobernados por una pasión: que Cristo fuera anunciado.
Y eso es muy importante porque el texto no nos presenta a un hombre que simplemente quiere viajar. Pablo no quiere ir a España porque tiene curiosidad por conocer otro lugar. No está haciendo turismo. No está buscando una experiencia nueva. Él quiere ir porque hay personas que no han oído de Cristo.
Por eso cita el Antiguo Testamento. La cita viene de Isaías 52:15,
Por eso cita el Antiguo Testamento. La cita viene de Isaías 52:15:
“Ciertamente Él asombrará a muchas naciones, los reyes cerrarán la boca ante Él. Porque lo que no les habían contado verán, y lo que no habían oído entenderán.”
El profeta dice que las naciones verán lo que no les había sido contado y entenderán lo que no habían oído. Ese pasaje forma parte de la profecía del Siervo sufriente, donde Isaías anuncia que la obra del Señor alcanzaría a las naciones.
Entonces, cuando Pablo cita ese texto, él está entendiendo su misión a la luz de la Escritura. Pablo no está inventando un proyecto personal. Él está diciendo, en otras palabras: “Yo quiero ser instrumento para que esa promesa avance; quiero anunciar a Cristo donde todavía no ha sido anunciado.”
Por eso dice:
“Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán, y los que no han oído, entenderán.”
En otras palabras, Pablo está diciendo: “Mi deseo es que los que no han oído, oigan. Que los que no han visto, vean. Que los que no conocen a Cristo, entiendan quién es Él.”
Eso nos confronta a nosotros, porque todos hacemos planes: para la casa, el trabajo, los hijos, la familia, el dinero y el futuro. Y no hay nada malo en planear. La Biblia no condena hacer planes. El problema es cuando Cristo no tiene lugar real en mis planes.
Yo puedo hacer planes preguntando:
¿Qué me conviene más?
¿Qué me da más comodidad?
¿Qué me da más seguridad?
¿Qué me produce más ganancia?
¿Qué me hace la vida más fácil?
Pero Romanos 15 me lleva a una pregunta más profunda:
¿Cristo tiene peso en mis planes?
¿El evangelio gobierna mis decisiones?
¿Estoy pensando solo en mi comodidad, o también en cómo mi vida puede servir para la gloria de Dios?
Pablo nos enseña que el cristiano no debe vivir sin propósito delante de Dios. Cristo nos salvó para pertenecerle a Él, para caminar en obediencia y para servirle fielmente donde Él nos ha puesto.
Eso no significa que todos vamos a ser misioneros como Pablo. No todos vamos a cruzar el océano. No todos vamos a predicar en otro país. Pero todo cristiano debe vivir con esta convicción: mi vida le pertenece a Cristo.
Mis planes como padre, madre, joven, esposo, esposa, trabajador, estudiante o miembro de la iglesia deben estar gobernados por el evangelio.
Porque si Cristo me salvó, entonces Cristo no puede ser una parte pequeña de mi vida. Él es mi Señor.
Y eso cambia la manera en que planifico.
Antes de decidir solamente por conveniencia, debo preguntar: “Señor, ¿esto honra Tu nombre?”
Antes de mover mi familia en una dirección, debo preguntar: “Señor, ¿esto ayuda a mi casa a caminar más cerca de Ti?”
Antes de tomar una decisión económica, debo preguntar: “Señor, ¿estoy buscando primero Tu reino o solamente mi comodidad?”
Antes de hacer planes para mi futuro, debo preguntar: “Señor, ¿mi vida está disponible para Tu obra?”
Pablo tenía una ruta en mente, pero esa ruta no nació de egoísmo. Nació del evangelio.
Y aquí está la primera enseñanza para nosotros:
Si Cristo gobierna mi vida, entonces también debe gobernar mis planes.
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- Aplicación
Padres, no planifiquemos solamente para que nuestros hijos tengan comodidad; planifiquemos para que conozcan y sigan a Cristo.
Jóvenes, no vivan solamente preguntando qué carrera, qué dinero o qué futuro quieren tener; pregúntense también cómo su vida puede honrar al Señor.
Iglesia, no podemos vivir solamente ocupados en mantener actividades. Debemos preguntarnos si lo que hacemos está apuntando a que Cristo sea conocido, amado y obedecido.
Porque si Cristo alcanzó mi vida, mi vida debe apuntar hacia Cristo.
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- II. El (retraso) en mis planes no significa que Dios perdió el (control)
Pablo dice en los versículos 22 al 24:
Romanos 15:22–24 NBLA
“Por esta razón muchas veces me he visto impedido de ir a ustedes. Pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a ustedes, cuando vaya a España los visitaré. Porque espero verlos al pasar y que me ayuden a continuar hacia allá, después de que haya disfrutado un poco de su compañía.”
Aquí Pablo dice algo muy humano:
“Muchas veces me he visto impedido de ir a ustedes.”
Esa frase es muy importante. Pablo quería ir a Roma. No era un deseo malo. No era un deseo egoísta. No era un deseo carnal. Él quería ver a los creyentes, ser animado por ellos, animarlos también a ellos, y luego seguir hacia España para anunciar a Cristo.
Pero Pablo dice: “muchas veces me he visto impedido.”
No dice: “una vez.”
No dice: “por unos días.”
No dice: “fue solo un pequeño atraso.”
Dice: “muchas veces.”
Eso quiere decir que Pablo sabía lo que era hacer planes buenos y ver que la puerta no se abría. Sabía lo que era tener un deseo correcto y no poder cumplirlo cuando quería. Sabía lo que era esperar. Sabía lo que era cargar con un anhelo en el corazón por años.
El versículo 23 dice que por muchos años había tenido un gran deseo de ir a ellos.
Por muchos años.
Romanos 15:23 NBLA
23 Pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a ustedes,
Eso nos muestra que Pablo no era un hombre frío, sin emociones, sin deseos, sin anhelos. Pablo tenía cargas en el corazón. Tenía sueños ministeriales. Tenía planes. Tenía deseos legítimos delante de Dios.
Pero esos deseos no se cumplieron inmediatamente.
Y aquí hay una verdad que todos necesitamos recordar:
Que un plan sea bueno no significa que Dios tiene que hacerlo en mi tiempo y a mi manera.
A veces nosotros pensamos:
“Señor, si esto es bueno, ¿por qué no pasa?”
“Si esto honra Tu nombre, ¿por qué se cerró la puerta?”
“Si esto ayudaría a mi familia, ¿por qué no llegó la respuesta?”
“Si esto sería bueno para mis hijos, ¿por qué tarda tanto?”
“Si esto me permitiría servirte mejor, ¿por qué no se abre el camino?”
Y esas preguntas no son extrañas. Son preguntas que salen de un corazón que no entiende completamente lo que Dios está haciendo.
Pero Romanos 15 nos recuerda que un retraso no significa que Dios perdió el control. Una demora no significa que Dios se olvidó de mí. Una puerta cerrada no significa que Dios abandonó Su propósito. Un camino detenido no significa que mi vida quedó fuera de Sus manos.
Pablo fue impedido muchas veces, pero Pablo no estaba abandonado.
Dios no estaba confundido. Dios no estaba improvisando. Dios no estaba mirando desde lejos sin saber qué hacer.
Dios seguía gobernando la vida de Pablo.
Esto es importante porque nosotros muchas veces interpretamos la espera como rechazo de Dios. Pensamos que si algo no sucede rápido, Dios no está obrando. Pensamos que si una puerta se cierra, ya no hay propósito. Pensamos que si el camino cambia, todo se perdió.
Pero no siempre es así.
A veces Dios detiene algo bueno porque está haciendo algo más grande de lo que yo puedo ver.
A veces Dios permite una demora porque está formando mi carácter.
A veces Dios cierra una puerta porque me está guardando de algo que yo no conozco.
A veces Dios cambia una ruta porque está llevando mi vida hacia un propósito que todavía no entiendo.
Pablo quería llegar a Roma. Y más adelante, Dios lo llevó a Roma. Pero no como Pablo quizás lo imaginaba. Pablo no llegó a Roma como un viajero libre con todos sus planes bajo control. Llegó como prisionero.
Humanamente, eso podía parecer un fracaso.
Pero no lo era.
Porque aún preso, Pablo predicó. Aun con cadenas, Pablo testificó. Aun limitado, el evangelio siguió avanzando.
Las cadenas apresaron a Pablo, pero no pudieron encadenar el evangelio.
Y eso nos enseña algo: Dios puede cumplir Su propósito aun cuando la ruta no se parece a lo que yo había planeado.
Quizás alguien aquí sabe lo que es ser impedido.
Tal vez hiciste planes para tu familia, pero la vida tomó otra dirección.
Tal vez pensaste que tu matrimonio estaría en otra condición.
Tal vez esperabas que tus hijos estuvieran caminando más cerca del Señor.
Tal vez pensaste que a esta edad estarías más estable económicamente.
Tal vez esperabas otra salud, otra oportunidad, otro trabajo, otra respuesta.
Tal vez llevas años orando por algo bueno, y todavía no ha sucedido.
Y cuando eso pasa, el corazón se cansa. La fe se siente probada. La esperanza se debilita. Uno empieza a preguntarse si Dios está escuchando.
Pero escucha esto: el Dios que gobernaba los impedimentos de Pablo también gobierna los tuyos.
Tu retraso no está fuera de Su mano.
Tu espera no está fuera de Su cuidado.
Tu camino cambiado no está fuera de Su propósito.
Por eso, aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
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- Aplicación
Quizás hoy alguien está viviendo precisamente en ese lugar: en el retraso, en la espera, en una puerta cerrada, en un camino que no se abrió como esperaba.
Has orado. Has esperado. Has tratado de hacer las cosas bien. Y aun así, la respuesta no ha llegado. El hijo no ha cambiado. La puerta del trabajo no se ha abierto. La salud no ha mejorado. La situación familiar sigue igual. La carga sigue pesando.
Y cuando pasa el tiempo, el corazón empieza a cansarse. Uno puede seguir viniendo a la iglesia, seguir cantando, seguir sirviendo, seguir diciendo “Dios es bueno”, pero por dentro hay una lucha silenciosa: “Señor, ¿hasta cuándo? ¿Por qué no has respondido? ¿Qué estás haciendo con mi vida?”
Este texto no responde todas nuestras preguntas, pero sí nos recuerda algo seguro: Dios no ha perdido el control.
La espera puede cansarme, pero no puede sacar mi vida de las manos de Dios.
El retraso puede confundirme, pero no puede detener el propósito del Señor.
La puerta cerrada puede dolerme, pero no significa que Cristo me abandonó.
Por eso no sueltes tu fe en medio de la demora. No dejes de orar. No dejes de obedecer. No dejes de caminar con el Señor solo porque el camino no se abrió cuando tú querías.
Pablo fue impedido muchas veces, pero Dios seguía gobernando su vida.
Y si Dios gobernaba los impedimentos de Pablo, también puede gobernar mis retrasos, mis esperas, mis puertas cerradas y mis caminos que todavía no entiendo.
Porque el camino puede estar detenido delante de mí, pero nunca está fuera del control de Dios.
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- III. Mi (obediencia) de hoy no debe ser sacrificada por el (sueño) de mañana
Pablo dice en los versículos 25 al 27:
Romanos 15:25–27 NBLA
“Pero ahora voy a Jerusalén para el servicio de los santos, pues Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta para los pobres de entre los santos que están en Jerusalén. Sí, tuvieron a bien hacerlo, y a la verdad que están en deuda con ellos. Porque si los gentiles han participado de sus bienes espirituales, también están obligados a servir a los santos en los bienes materiales.”
Este punto es muy importante porque Pablo acaba de hablar de Roma y de España. Él tiene una visión grande. Quiere llegar a Roma. Quiere seguir hacia España. Quiere anunciar a Cristo donde Cristo no ha sido anunciado.
Pero antes de hablar del futuro, Pablo dice algo muy sencillo y muy profundo:
“Pero ahora voy a Jerusalén para el servicio de los santos.”
Esa frase es clave: “Pero ahora.”
Pablo tiene un sueño hacia España, pero tiene una responsabilidad presente en Jerusalén.
España representa una nueva frontera. Jerusalén representa una necesidad concreta.
España representa lo que Pablo espera hacer después. Jerusalén representa lo que Dios le ha puesto delante ahora.
Y Pablo no usa su sueño futuro como excusa para descuidar su obediencia presente.
Pablo no dice: “Como voy rumbo a España, no tengo tiempo para Jerusalén.” Tampoco dice: “Como mi visión es grande, no voy a ocuparme de esta necesidad.” Y mucho menos dice: “Cuando llegue a España, entonces voy a servir.”
No. Pablo entiende que la fidelidad no comienza mañana. La fidelidad comienza hoy.
Antes de mirar hacia España, Pablo sirve en Jerusalén.
Antes de avanzar hacia una nueva frontera, atiende una necesidad real.
Antes de hablar de sus grandes planes, cumple con una responsabilidad concreta de amor hacia los creyentes pobres.
Y aquí hay una enseñanza muy directa para nosotros:
No debo descuidar mi Jerusalén por estar soñando con mi España.
Porque a veces nosotros vivimos esperando “el momento ideal” para obedecer.
Decimos:
“Cuando tenga más tiempo, entonces voy a servir.”
“Cuando tenga más dinero, entonces voy a ser generoso.”
“Cuando mis problemas se arreglen, entonces voy a buscar más al Señor.”
“Cuando mis hijos estén más grandes, entonces voy a comprometerme.”
“Cuando mi trabajo cambie, entonces voy a tener más tiempo para Dios.”
“Cuando llegue una oportunidad más grande, entonces voy a hacer algo para el Señor.”
Pero Pablo nos recuerda que la obediencia no comienza cuando todas las condiciones son perfectas. La obediencia comienza en el lugar donde Dios me puso hoy.
Mi Jerusalén puede ser mi casa, mi matrimonio, mis hijos, mi iglesia local, ese hermano que necesita ayuda, una responsabilidad pequeña que nadie ve, o una necesidad que Dios puso delante de mí ahora mismo.
Y muchas veces queremos llegar a España, pero no queremos ser fieles en Jerusalén.
A veces queremos que Dios nos use en algo grande, pero descuidamos lo pequeño. Pedimos una puerta nueva, pero no somos fieles con la puerta que ya está abierta. Anhelamos un futuro diferente, pero no obedecemos en el presente.
Pablo no separa la visión grande de la obediencia diaria. Para él, ir a España y servir a Jerusalén no son cosas opuestas. Ambas forman parte de una vida rendida al Señor.
Y eso nos enseña algo muy práctico: mientras Dios me lleva hacia lo que no entiendo, debo ser fiel en lo que sí tengo delante.
No siempre entiendo el futuro, pero sí puedo obedecer hoy.
No siempre sé cuándo se abrirá la puerta, pero sí puedo servir ahora.
No siempre sé cómo Dios va a cumplir Su propósito, pero sí puedo caminar en fidelidad en el lugar donde Él me puso.
Después Pablo dice:
Romanos 15:28 NBLA
“Así que cuando haya cumplido esto y les haya entregado esta ofrenda, iré a España llegando de paso a verlos.”
Note esa frase: “cuando haya cumplido esto.”
Pablo no quiere saltarse la obediencia presente. Él quiere cumplirla.
Hay algo santo en cumplir lo que Dios nos ha puesto en las manos hoy.
No todo lo que hacemos para Dios será grande ante los ojos de los hombres. No todo será visible. No todo será aplaudido. No todo será reconocido. Pero si Dios lo puso delante de mí, debo hacerlo con fidelidad.
A veces pensamos que el propósito de Dios está solamente en lo grande, en lo visible, en lo impresionante. Pero muchas veces el propósito de Dios se está cumpliendo en actos sencillos de obediencia.
En una oración que nadie escucha.
En una conversación que anima a alguien.
En una ayuda económica dada con sacrificio.
En una visita.
En un perdón.
En una decisión de permanecer fiel.
En un servicio que nadie ve.
En levantarse otra vez y seguir caminando con Cristo.
Pablo mira a España, pero no desprecia Jerusalén.
Y nosotros debemos aprender eso también.
Porque el propósito de Dios no comienza solamente cuando llego a donde quiero llegar. El propósito de Dios también está obrando mientras soy fiel en el lugar donde Él me puso.
Luego Pablo termina diciendo:
Romanos 15:29 NBLA
“Y sé que cuando vaya a ustedes, iré en la plenitud de la bendición de Cristo.”
Pablo mira al futuro con esperanza. Pero su esperanza no está en controlar todos los detalles. Su esperanza está en la bendición de Cristo.
Él no sabe exactamente cómo será el camino. No sabe todos los obstáculos. No sabe todo lo que va a enfrentar. Pero sabe algo: Cristo sigue obrando.
Eso nos lleva al corazón del sermón:
Aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
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- Aplicación
Tal vez hoy tú estás mirando hacia una “España”: algo que deseas, algo que esperas, algo por lo que has orado, algo que quisieras ver cumplido.
Y no está mal tener sueños, planes y deseos delante de Dios. Pablo los tenía.
Pero mientras esperas esa puerta, no descuides tu Jerusalén.
Sé fiel en la obediencia que tienes delante.
Cuida tu casa.
Cuida tu caminar con Dios.
Sirve en la iglesia.
No menosprecies el servicio sencillo.
Permanece firme en la fidelidad diaria.
A veces estamos tan pendientes de lo que Dios no ha hecho todavía, que dejamos de obedecer en lo que Dios ya nos mostró.
Pero el cristiano aprende a decir:
“Señor, no entiendo todo mi futuro, pero quiero ser fiel hoy.”
“No sé cuándo se abrirá la puerta, pero quiero obedecerte ahora.”
“No sé si llegaré a mi España, pero no quiero descuidar mi Jerusalén.”
Porque el propósito de Dios no solo se cumple en el destino final. También se cumple en cada paso de obediencia que doy con Cristo en el camino.
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Y antes de concluir, recordemos la idea principal de este mensaje:
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Idea principal
Aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
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- Conclusión
Hermanos, al inicio hablamos de Adoniram Judson y su esposa Ann.
Ellos salieron con un plan: servir a Cristo en la India. No era un plan egoísta; era un deseo noble, espiritual y misionero. Habían dejado familia, patria, comodidad y futuro conocido para anunciar el evangelio.
Pero la puerta de la India se cerró.
Y Dios los llevó a Birmania.
Allí tuvieron que comenzar de nuevo: otro idioma, otra cultura, otro lugar y otro camino. Tampoco fue fácil. Hubo enfermedad, oposición, pérdidas, prisión y años de espera. No fue una historia de fruto rápido.
Después de casi seis años de predicar, aprender, traducir, orar y sembrar, Dios permitió que Judson viera el primer convertido birmano: Maung Nau.
Seis años para ver a uno.
Pero ese uno era una señal de que Dios no había abandonado Su propósito.
Con el tiempo, Dios siguió obrando. El evangelio echó raíces. Judson tradujo la Biblia al idioma birmano, y aquella puerta cerrada terminó dejando una huella profunda en la historia misionera.
Según estimaciones actuales, los cristianos en Myanmar representan aproximadamente entre un 6% y un 9% de la población. Dependiendo de la fuente y de la población total que se use, eso representa varios millones de personas que hoy profesan la fe cristiana en ese país.
Y piense en esto:
Dios no estaba contando como nosotros contamos. Hoy se estima que hay entre tres y cinco millones de cristianos en Myanmar.
Judson quería India, pero Dios lo llevó a Birmania.
La puerta cerrada no era el final; era una ruta que Judson no entendía, pero que Dios estaba usando para Su gloria.
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Pablo quería Roma y España, pero Dios también lo llevó por una ruta que él no había planeado. Llegó a Roma, sí, pero no como quizás él imaginaba: llegó preso, con cadenas y limitado.
Humanamente, eso podía parecer fracaso.
Pero no lo era.
Porque aun preso, Pablo predicó.
Aun con cadenas, Pablo testificó.
Aun limitado, el evangelio siguió avanzando.
Las cadenas de Pablo no encadenaron el evangelio.
Y eso debe darle esperanza a alguien hoy.
Tu puerta cerrada no detiene el propósito de Dios.
Tu retraso no cancela la fidelidad de Dios.
Tu sufrimiento no está fuera de la gracia de Dios.
Tu historia no se le salió de las manos al Señor.
Aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
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Pero esta verdad no solo nos consuela; también nos confronta.
Porque en la Biblia hubo otro hombre que quiso ir hacia el occidente: Jonás. Dios lo llamó a Nínive, pero él huyó hacia Tarsis. Muchos entienden Tarsis como una región asociada con el extremo occidental del mundo conocido, posiblemente hacia España. Pero lo más importante no es el mapa; lo más importante es el corazón.
Pablo quería ir hacia España para servir.
Jonás quería ir hacia Tarsis para huir.
Pablo quería anunciar el mensaje.
Jonás quería evitar la misión.
Pablo quería que los que no habían oído, oyeran.
Jonás no quería que Nínive recibiera misericordia.
Y ahí está la pregunta para nosotros:
¿Mis planes se parecen más a los de Pablo o a los de Jonás?
¿Estoy caminando para obedecer o para escapar?
¿Estoy buscando la gloria de Cristo o solamente mi comodidad?
¿Estoy rindiendo mis planes al Señor o estoy usando mis planes para evitar lo que Dios me está pidiendo?
No nos engañemos: se puede hacer planes buenos en apariencia, pero con un corazón que está huyendo de Dios.
Por eso la pregunta no es solamente: “¿A dónde quiero ir?”
La pregunta más profunda es: “¿Por qué quiero ir?”
Hermanos, el propósito de Dios sigue en pie. Eso no significa que todos mis planes se cumplirán como yo quiero. Significa algo mejor: mi vida está en las manos de un Dios más sabio que yo.
Y la prueba más grande de eso está en la cruz.
Si hubo un momento que parecía derrota, fue la cruz. Los discípulos miraron a Jesús crucificado y pensaron que todo había terminado. Parecía fracaso. Parecía silencio. Parecía que la esperanza se había roto.
Pero lo que para los hombres parecía el fin, para Dios era el cumplimiento de Su propósito eterno.
En la cruz, Cristo estaba cargando nuestra culpa, venciendo nuestro pecado y abriendo el camino para que pecadores como nosotros fueran reconciliados con Dios.
Si Dios tomó una cruz de vergüenza y la convirtió en salvación eterna, entonces puedo confiar en Él cuando no entiendo mi camino.
Mi esperanza no está en que todos mis planes se cumplan; mi esperanza está en Cristo.
Mi seguridad no está en controlar la ruta; mi seguridad está en saber que Cristo gobierna la ruta.
Así que hoy podemos venir delante del Señor y decir:
“Señor, estos son mis planes, pero mi vida está en Tus manos.
Esta es la ruta que yo había pensado, pero Tú eres más sabio que yo.
No entiendo todo lo que estás haciendo, pero no quiero huir de Ti.
Quiero obedecerte, quiero servirte, quiero confiar y quiero caminar contigo.”
Porque aunque yo no entienda el camino hoy, puedo confiar en que el propósito de Dios sigue en pie.
Y si Cristo ya aseguró mi eternidad en la cruz, entonces puedo confiarle también el camino que no entiendo hoy.
Vamos a orar.